es un campo de experimentación donde se cruzan fuegos fatuos, maniobras en HTML, CSS y lecturas gratas sobre arte contemporaneo que, o bien por la información que portan, el hecho que reportan o por el estilo con el que han sido escritas, las guardo aquí, para tenerlas a mano

domingo, mayo 27, 2007

Un libro, un documental

Me alegra siempre encontrar en los periódicos noticias que dan cuenta de los amigos. La mayoría de veces es sólo gracias a estos medios que me entero de sus quehaceres, de las huellas que van dejando por los días en forma de libros, cuadros, artículos y comentarios de prensa, o de su presencia en eventos o acciones que tienen que tienen que ver con sus actividades. Uno deja de verlos un día porque se marcha a otro sitio y poco después, llevado cada uno por sum propia corriente y las obligaciones que le salen al paso, dejamos de tener noticias. Hasta que el azar o la inteción propician un reencuentro, impulsan un mail, una llamada telefónica, o como suele sucederme cuando reviso la prensa ecuatoriana, una de sus acciones hace que se hable de ellos.

Diario El Universo de trae esta vez al menos dos noticias que me son gratas. Una entrevista a Roy Sigüenza a propósito de la publicación de un tomo con todos sus poemas reunidos. En las respuestas que da Roy en la entrevista está ya su voz. Virtud que uno nunca deja de agradecer en la poesía de Roy, la consición y concentración de ideas en las palabras que utiliza, pocas, las justas quizá para adentrarse en territorios a los que, al menos nuestra tradición ha querido restas existencia, negar belleza. En hora buena por Roy y sus lectores que disponemos ahora de una edición con sus poemas entereos cuya lectura o relectura jamás dejará de interogarnos.

Pero El Universo trae también otro asunto que me interesa, noticias sobre un documental que interesa a mucha gente de mi generación: AVC, del sueño al caos. Muy necesario hablar de esos años más bien cercanos en los que fueron perseguidos y liquidadados varios de los miebros de esta organización armada. Allí hubo ideas e ideales, anhelo de justicia y una reacción del Estado que aún no ha sido explicada.

domingo, mayo 20, 2007

Sobre César Dávila Andrade

Una relectura del último Davila Andrade.
La diminuta flecha envenenada es el título del libro de César Carrión que acaba de publicar La Universidad Católoca de Quito. Comenta el libro Javier Ponce en la edición de El Universo de Guayaquil, de este día.

lunes, mayo 14, 2007

Cuenca: Poesía, artes visuales, recursos

Un necesario balance sobre el Festival de Poesía de Cuenca nos los hace Susana Klinkicht en la edición de este día de Diario Hoy. Su organización y realización han sido exitosos. Ha abierto expectativas a futuro y, por la dimensión del evento y los rubros manejados (180.000 dólares), inaugurado en el país una manera de hacer las cosas que habra que aprehender desarrollarlas.

No es otra la manera, me parece, El management cultural, esa manera de juntar esfuerzos e intereses varios para alcanzar un objetivo común. En hora buena por las personas que en esta ciudad andina han hecho posible este evento, paralelo, complementario a su Bienal de arte.

domingo, mayo 13, 2007

Esto no es una Lira

El Premio de Poesía del Festival de la Lira de Cuenca, Ecuador, ha sido atribuído en su primera versión a Alexis Naranjo. En hora buena para los lectores del Ecuador y la lengua entera. Son pocos los que han podido leer sus poemas. Naranjo, que ha publicado de costumbre -por lo que recuerdo- en Ediciones Libri-Mundi, ha sido hasta ahora un poeta reconocido sólo por lectores minuciosos. Ediciones muy cuidadas de sus libros, poca prensa, contados comentarios a sus libros, y en los encuentros que juntan a críticos, autores y literatos sólo el fantasma de su nombre.

Esta vez sin embargo, quizá a su pesar, su libro Sacra y él mismo, son el centro de los admirados comentarios que empiezan a vertirse sobre su trabajo reciente y anterior. Grata coincidencia: el poeta quiteño cumplió su sexagésimo aniversario el 10 de mayo pasado, día en que se hizo público el verediscto del jurado conformado por Ana María Moix, Américo Ferrari, Jorge Aguilar Mora, Ivan Carvajal y José Koser.

Sobre el Festival poético los periódicos ecuatorianos han reportado generosamente. Por lo que he podido leer, esta primera entrega del Premio Latinoamericano de Poesía, empieza con pied derecho. No le falta la voluntad de seguir y, eso que suele echarse en falta en estos asuntos, el dinero necesario para poner a caminar los proyectos.

Entretelones de un premio, Diario El Universo
Entrevista a Alexis naranjo, El Comercio
El desafío del poeta, Diario Hoy

domingo, mayo 06, 2007

El FMI sin dinero

No es un texto de alarma, sin embargo muestra algo que a lo mejor está sucediendo en la estructura financiera mundial. Aqui el reporte de Página 12, por la posición de su país frente a la institución financiera, siempre muy alerta.

martes, mayo 01, 2007

Videoarte

Una noticia alrededor de esta ancha ala tomada por los artistas

La Bienal de Cuenca bajo la lupa

Copio aquí un reporte sobre la Bienal de Cuenca y el contexto en el que se mueve este espacio de encuentro artístico - política, culturalmente, en el escenario local y latinoamericano. Interesante este reporte. El arte contemporáneo es una veta bastante rica en malentendidos. Y desde luego que lo que sucede en Cuenca debería leerse con mucha atención - en el Ecuador y fuera de él. Por la percepción que los mismos artistas tienen de esta manera de trabajar con las ideas, bastante o enteramente distante de los pinceles; pero mucho más peligrosa, ya no la percepción sino el juicio que tienen de este campo de creación los críticos y comentadores de arte en activo (a los ciudadanos y a los campesinos, no habrá que exigir demasiado e incluso, en las condiciones actuales, habrá que pasarles por alto los exabruptos, la indiferencia, y en el caso de los políticos, incluso las torpezas cometidas con las palabras).

P.S. 17 de mayo : Una nota sobre el público de la Bienal

Ramiro Jácome en la CCE


Diario El Comercio de Quito, trae en la edición de este día una semblanza de Ramiro Jácome, el pintor quiteño cuyo trabajo, me parece, introduce una sospecha vital en el contexto plástico ecuatoriano de los ochenta y noventa que apunta tanto al soporte sobre el que por entonces los creadores trabajaban reconcentradamente como, en el otro extremo, a la percepción estandar del público. El color y la fuerza de los trazos que caracteriza a su pintura es un elemento importante pero que no es suficiente para definirnos los alcances de ella, pues, supongamos que, al destacarlas en compañía de obras de otros pintores con igual destreza y fuerza en el manejo de los colores y los pinceles, esta puede ser facilmente confundida. En la obra de Jácome hay más, y mucho más que crítica social. Considerar su trabajo una década más tarde deja ver más, nos permite entablar relaciones que entonces no pudimos ver ni sospechar y el artista vió y pinto a partir de ellas (escribo, hablo de memoria, recordando los trabajos suyos que me fue posible contemplar en los ochenta, en la vuelta de los noventa). No sé cómo este montada esta muestra que lo recuerda, sin embargo, sé de antemano que esa obra tiene, tendrá siempre algo que decir ¿Será posible estudiarla con más profundidad para rescatarla de esa peligrosa transitoriedad a la que el cariño de los amigos y el halago de los críticos podría confinarla?



Ramiro Jácome callaba para pintar cuadros que gritaran

Edwin Alcarás


La voz, fresca y ligeramente ronca, siempre emergía como un susurro apenas perceptible, como un terciopelo impalpable. No era hombre dado a la charla, lo suyo siempre fue, más bien, el silencio.


Aquello que guardaba en algún rincón de ese silencio fue para Ramiro Jácome (Quito, 1948-2001) como una especie de tesoro que acumulaba con celo -incluso con mimo- para inflamarlo luego sobre sus telas, entre colores y formas transidos de lucidez.

El recuerdo unánime de la gente que lo trató compone una imagen de esta guisa: un hombre de edad indefinible (Sheyla Bravo, su primera pareja: “Siempre aparentaba menos edad de la que tenía. Se comía los años”); eternamente delgado, melena hasta los hombros, rasgos pronunciados debajo de una piel ligeramente pálida y unos ojos rasgados de mirada profunda que delataban su ascendencia asiática (Marcia Balladares, su segunda pareja: “El padre de su madre fue chino. Creo que por eso siempre estuvo fascinado con esa parte del mundo. Todo lo oriental lo obsesionaba”).


Pero su rasgo físico -así como espiritual- preponderante fue, ante todo, su mutismo. En las memorias en las que se grabó su imagen, la parquedad lingüística de Jácome es el sello común; eso y el reconocimiento de su extraordinario talento, cultivado con sus propias manos, fuera de cualquier influencia académica, con más intuición que pénsum.


Hay que imaginar a ese adolescente que fue Jácome a partir del recuerdo de dos de sus tres compañeros de caballería (junto a José Unda, Washington Iza y Nelson Román, ‘Rájac’ -así firmaba sus cuadros- formó el grupo de los Cuatro Mosqueteros, respuesta rebelde a la academia en 1969).


Siempre delgado, con un dejo de burla pintado en la comisura de los labios, andaba siempre por la Casa de la Cultura y era ‘yerba mala’ de las galerías quiteñas que atendían en Quito a mediados de los años sesenta. Lo acompañaba a veces su amigo Washington Iza: ambos raspaban los 16 años.


Miraban todo, leían mucho, hablaban menos. Y así, en una de las reuniones que se suscitaban espontáneamente luego de las clases en la Escuela de Bellas Artes de Quito, a las que ya asistía Iza, coincidieron Miguel Varea, Unda, y Román. Los púberes ilustrados le pedían cuentas, entre bebidas y sustancias espirituosas, a los ‘clásicos’, a los ‘maestros’ y a los ‘consagrados’ de la plástica ecuatoriana. Estaban hambrientos de vida, enojados y hambrientos.


Unda tiene este recuerdo: “Teníamos un sueño. Un gran sueño donde los haya: queríamos ser artistas, explorar y explotar el mundo por adentro y por afuera”. Iza, quien vive en México desde hace 10 años, este otro: “La inercia nos desesperaba. Éramos contestatarios y buscábamos como locos algo para renovar el arte. Era como si todo estuviese empezando con nosotros. Jácome se unió a nosotros precisamente por ese espíritu de protesta, la contracultura”. Varea: “El parricidio era nuestra bandera. Todos estábamos en esa onda de buscar cauces, pistas, de destruir y crear sobre las ruinas. La primera exposición de Jácome fue una colectiva en Guayaquil y fue una de las primeras que se fue en contra de todo. Los colores, las formas y las temáticas. Jácome, particularmente, dejó ver desde ahí un trazo fuerte y decidido en el dibujo, además, de su sarcasmo”. Es conocido, por lo demás, el episodio del burro pintado de naranja que los bravíos mosqueteros hicieron desfilar afuera del Salón de Julio de Guayaquil de 1969. No se sabe bien a quién se le ocurrió la sabrosa idea pero, en todo caso, el gesto congenia bien con el carácter sarcástico del quiteño “oriental, callado y medio siniestro”, como lo recuerda Varea.


Tales avatares le ganaron temprano un lugar en la plástica nacional. Los mosqueteros traviesos devinieron en hombres y su obra, poco a poco -así es la dialéctica de las rupturas- se empezó a vender bien y a ocupar a la academia. Pronto serían los padres de los que los nuevos jóvenes tendrían que desembarazarse como ellos, en su tiempo, habían roto (a mordiscos) el cordón umbilical con Guayasamín, Kingman, Paredes...


Pero la historia de ese gran silencio ilustrado que fue Ramiro Jácome tiene una segunda parte, más bien un fondo, un revés. En el ámbito familiar su silencio fue calor, vida y alegría. Marcia Balladares, quien compartió los 20 últimos años de la vida del pintor, lo recuerda como un hombre animado y conversón, si bien admite que cuando cruzaba el umbral de la puerta hacia afuera era otro.“Siempre encontraba la forma de hacerme reír. Le gustaba la buena comida y, como era un vanidoso, le gustaba lo que él mismo cocinaba. Aunque, es verdad, su pescado al vapor es el mejor que he comido en mi vida. Supo vivir con intensidad”.


Punto de vista


Marcelo Aguirre. Artista plástico


Me emocionaron sus mitologías. Creo que Ramiro Jácome ha sido un pintor que ha tenido una gran significación en la pintura ecuatoriana. Su figura es referencial, sobre todo en la década de los años ochenta y desde antes, cuando él participaba de la acción de los Cuatro Mosqueteros. Su obra, la que puede calificarse como neofigurativa, tiene un gran sentido crítico social. Era, además, de esto, un gran colorista. Su ‘desfiguración de las figuras’ de alguna manera logra hacernos reflexionar sobre la descomposición social. En un momento dado de su obra, Jácome era un pintor que cuestionaba desde la sátira. Es meritoria la muestra abierta en la Casa de la Cultura, es un homenaje importante, pero considero que pudo tener un alcance mayor. Falta, por ejemplo, la investigación y edición de un catálogo de su trayectoria.


Una de las obras que a mí más me conmovieron fue la de esos personajes de La Catedral, que presentó en la Galería Artes, que llevaba Iván Cruz. Eran típicos personajes quiteños, era un rescate del mito de la ciudad, de la mitología andina. En su libro ‘El dorado’, hace una propuesta sobre esos aspectos. También sale a relucir su obra como ilustrador.