La feria ARCO de Madrid da que hablar. Diario El País ha dispuesta no sólo sus páginas sino una mesa de discusión alrespecto en la que ha sentado a ocho personas que tienen que ver con la creación contemporánea desde diferentes puntos. La mesa la coordina Antonio Muñoz Molina, escritor español que desde hace algún tiempo sigue considera las huellas, interrogantes y fulguraciones que, si no siempre la obra, todo cuanto cabe bajo el paraguas del "arte contemporáneo provoca. Vale la pena repasar con atención los pronunciamientos allí expuestos (y accesibles
desde este punto); antes, un adelanto de ellos:
Muñoz Molina resume en paradojas su percepción de este mundo:
"La primera es que en arte la ruptura es la norma. Paradoja que plantea sus problemas, porque, para rebelarte contra algo, tienes que hacerlo contra un poder, que en este caso se ha disipado. Además la provocación requiere un establishment fuertemente establecido de gente dispuesta a sentirse provocada y escandalizada".
"La segunda paradoja es que en vez de que la explicación nazca a partir de la obra, en muchos casos es la obra la que nace de la explicación. E incluso la explicación llega a cobrar más importancia que la obra, y en muchas ocasiones hasta llega a sustituirla. En la Bienal de Venecia de 2003, el Pabellón de España consistía en que no se podía entrar al Pabellón de España, en el cual no había nada. Y la próxima Bienal de São Paulo es una bienal en la que sólo hay explicación, no hay obras".
"En tercer lugar, dado que la obra no habla por sí misma, sino que depende de la explicación, es muy importante quién da la explicación. Y aquí se produce también otra inversión, porque muchas veces la estrella no es el artista sino el explicador: el comisario, lo que llaman el curator", continuó Muñoz Molina. "La siguiente paradoja es que el museo es anterior al artista. Antes había una ecología del coleccionismo y del museo, que consistía en que había coleccionistas privados que compraban cuadros en las galerías, se arriesgaban; con el tiempo, esos coleccionistas legaban esas obras que habían comprado a los museos, ese tiempo había llevado a cabo un filtro, y el museo era el resultado final de ese proceso. Ahora, curiosamente, en muchos casos el artista existe porque existe el museo, porque, y hablo concretamente del caso de España, hay tantos museos de arte contemporáneo que es necesario llenarlos de artistas, de artistas que vayan acompañados de su explicación y de su correspondiente legitimación de esa explicación".
"Y el último punto que resume todo es que la vanguardia se ha convertido en el arte oficial. Ahora se puede ir al Prado y ver el arte oficial, de gran aparato, de finales del XIX. El arte de gran aparato de ahora, de principios del siglo XXI, es siempre un arte de provocación, de un formato que no admite al coleccionista o al privado y que satisface la ambición del político que ha creado el museo. La suya es la ambición de la juventud, la ambición de tener artistas jóvenes, de esa expresión que se usa tanto, que es apostar por: apostar por lo nuevo, apostar por la ruptura, apostar por la novedad. Pero si la novedad es la norma, ¿cómo puede haber novedad?".
"De todo esto, yo concluyo dos preguntas que voy a ir pasando a la mesa, y que son las siguientes: la primera, ¿cómo se forma el artista, cómo encuentra su voz y encuentra su propio camino? Y en segundo lugar, y me parece también muy importante, ¿cómo se forma el público, cómo se educa al espectador? Me parece que estas paradojas definen una parte de la situación del arte contemporáneo.